“Vísteme despacio que tengo prisa”

Vivimos corriendo;  comemos de prisa, jugamos de prisa, el trabajo, el cole, el gimnasio, la ropa, la comida, los niños, la plancha, las facturas, incluso las vacaciones son exprés ¡buff!

¿Cuándo fue la última vez que alguien te dijo “tranquilo, tómate tu tiempo”?

El cortisol, la hormona del estrés, esa que sólo debería secretarse en ocasiones de extrema necesidad, la tenemos por nuestras venas la mayor parte del tiempo.

Nuestro cuerpo nos avisa de este desgaste en forma de alergias, intolerancias alimentarias, contracturas y enfermedades más o menos serias.

Sufrimos de un estrés crónico autoprescrito y, lo que es peor, lo transmitimos a los que nos rodean haciendo que se autocontagien de esta gripe mundial. Y digo Auto, porque como todo en esta vida, vivir con prisa también es una decisión, más o menos difícil de cambiar, pero una decisión al fin y al cabo.

 

Romper con estas rutinas nada sanas, es complicado, no nos engañemos. Pero como se trata de una decisión, podemos hacer pequeños cambios a favor de una vida de mayor calidad.

Hay varias formas de “frenar tu vida”, así que aquí te traigo algunas propuestas.

 

“Las prisas no son buenas”

Es un error pensar que cuanto más rápido mejor, de hecho, el tiempo y la experiencia así lo demuestran.

“Mejor vivir un día plenamente

que cien años en la inercia y la indiferencia”.

                                                                                                        Dhammapada

 

“Adiós estrés, bienvenido placer.”

El estrés es tan parte de nuestra vida que ni siquiera somos conscientes de que nos acompaña desde nuestra más tierna infancia cuando empezamos con las actividades extraescolares que nos emocionaban y que, poco a poco, vamos olvidando que eran un juego y pasan a ser un “tengo que”; “tengo que ir al futbol” “hoy tengo natación” “tengo que ir al cumpleaños de….” children-99507_640

Nos quedamos sin tiempo a leer o jugar a aquello que nos apetece en un momento dado,  incluso, en el peor de los casos, nos quedamos sin saber qué hacer cuando no tenemos nada previamente planificado.

Pero esto nos ocurre también siendo adultos, son tantas las cosas que tenemos que hacer en el día a día, que se nos olvida “para qué” las estamos haciendo.

Comenzamos a ir al gimnasio “para” perder peso o ponernos en forma o, quién sabe, para conocer a alguien. Con  el tiempo, incluimos esta actividad entre nuestros deberes y pasamos a ir al gimnasio “porque tengo que perder peso, o ponerme en forma, o porque tengo que encontrar pareja.” Algo que en inicio sonaba bien, ha acabado siendo un deber y por lo tanto, podríamos prescindir de ello como “actividad placentera”.

 

Ahora, detente, recuerda ¿para qué tomaste esa decisión? Vuelve a hacerlo despacio, como al principio, disfrutándolo y no de una forma mecánica.

 

“Movimiento Slow”

Este movimiento, aunque en inicio era meramente gastronómico se ha convertido en una filosofía de vida.

 

Surgió en 1986 cuando Carlo Petrini,  vio impotente cómo se instalaba en la Plaza de España de Roma,  un establecimiento de comida rápida. Cuál visionario, sintió el futuro como un escalofrío; comida a la carrera, con ingredientes y cocina alejada de la “de toda la vida” y sin los nutrientes necesarios. Por esta razón, Carlo Petrini comenzó una carrera de fondo, creando  “Slow food”

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Tengamos presente que comer, es una necesidad, nuestro organismo requiere las vitaminas y el resto de las sustancias que dichos alimentos nos dan.

Hemos visto impasibles  como la agricultura intensiva llegaba a tierras donde la pobreza exigía más, pero no mejor.

Cada uno de los alimentos que nos llevamos a la boca requiere un tiempo para “ser lo que es”, sencillamente, porque es un ser vivo, nace, crece, se reproduce y muere.

Estas huertas y ganaderías de explotación intensiva se ven cada vez más despreciadas porque el sabor y la riqueza de sus alimentos son escasos.  Buscamos alimentos que “sepan a los que son”.

 

Por ejemplo, nuestra vida está asociada a los vegetales, este sano ingrediente es la base de nuestra alimentación y es la opción única en el caso de las personas vegetarianas y veganas.

Pero te pregunto ¿de qué se alimenta el cerdo, la vaca, la oveja, etc? porque, recuerda, no son un filete hecho en una cadena, esa carne pertenece a un animal y lo que tu comes es lo que él ha comido, si ha estado estresado te comes su estrés y si lo han medicado por estar hacinado, te comes sus antibióticos.

 

Por todo esto, otra decisión sería  saborear  lo que comemos. Y si no sabe a nada, si ese filete casi desaparece tras perder todo el agua, si “te has vuelto”  alérgico o intolerante a algún alimento, busca, compara y si encuentras algo mejor,  cómetelo.

 

Slow food va un poco más allá, por ejemplo: Restaurantes Kilómetro 0, es decir, locales donde se unen los cocineros y los productores a pequeña escala.

Estos restaurantes garantizan que el 40% de la materia es comprada a menos de 100km de distancia y, por lo tanto,  ayudan al desarrollo local y reducen, por ejemplo, el impacto que supondría el transporte de esta mercancía. El origen del 60% restante será el Arca del Gusto, Baluarte, Tutelado o tener certificación ecológica. Además aseguran que ninguno de sus alimentos son transgénicos o han comido transgénicos.

 

Más lento

El movimiento Slow no se queda sólo en la comida, hay gente que ha adoptado esta idea como filosofía de vida y la incluyen en su día a día lo máximo posible.

 

De esta forma tenemos :

Slow Ciudades, localidades donde se prima las zonas peatonales, se recupera la parte antigua y se protege del deterioro sacando el tráfico de sus calles. Donde se prima el pequeño comercio frente a los grandes e impersonales centros comerciales.

Slow Escuela; en este caso el movimiento slow llega hasta las escuelas. Promueve una educación en la que los niños tienen tiempo para meditar, se da prioridad a juegos donde la colaboración es la base y no la competitividad.

Slow Sex, nada como quererse poco a poco. Dedicarse a mimar a la pareja, sin prisa. Juegos, caricias, y preliminares llenos de creatividad para sentir y ser conscientes de lo que se está haciendo.

Slow Work, porque todo es posible y el cambio está en marcha. Empresas con guarderías para evitar las carreras. Zonas de gimnasio, de música. Motivar al trabajador con premios, no con castigos.

Slow vacaciones, el tiempo libre es para descansar, así que ¿por qué no unas vacaciones sin prisas?

 

En definitiva, el movimiento Slow no pretende otra cosa que reducir el ritmo para que no se nos olvide que estamos viviendo, no superviviendo.

 

 

“¿Qué has hecho hoy? Nada”

Atento, te aviso, la nada no existe… si ves la tele, estás viendo, si te vas a pasear, paseando, si lees,  leyendo, si piensas, estarás meditando.

 

Lo importante es que mientras “no hagas nada” estés muy pendiente de “no hacer otra cosa”.

 

Si leyendo  te despistas,  vuelve a leer lo leído, bucea en ese libro o lectura hasta que el tiempo desaparezca y tu mundo no supere esos símbolos de tinta sobre fibras de papel.

 

Si paseas, huele, siente el aire en tu piel, sonríe, mira cada flor, observa la gente que te rodea  y si un pensamiento ajeno viene a tu cabeza, se consciente, salúdalo y déjalo que pase, para volver a tu paseo, tus olores, los sonidos.

 

Si decides escuchar música concéntrate en ella, busca los instrumentos y voces que la crean, las emociones que surgen , dónde las sientes, qué te invitan a hacer. Sólo escucha porque nada más existe a parte de ese sonido.

 

Por cierto, bienvenido al Mindfullnes

Esta palabra está muy de moda en estos momentos, pero su origen es milenario. Si quieres frenar, centrar tu mente y ser más consciente pero sin demasiado tiempo, esta puede ser tu herramienta. Se traduce al español  como “Atención plena” lo cual define bastante la idea occidental.

 

Lo dicho, elige una actividad, puede ser cualquiera, una ducha, esperar a los niños en el cole, fregar los cacharros, ordenar los papeles…. También puedes elegir respirar, sí, sí, respirar, para tan sólo un minuto, y céntrate en inspirar, expirar, inspirar, expirar….

Tu mente se frena, es más consciente y descansa de tanto correr.

 

Deseo haber frenado un poco tus ganas o inercia de correr, así que te dejo algunos enlaces para que comiences a investigar y a darte esos momentos de paz o, sencillamente, para ser consciente de tu velocidad.

 

Fuentes:

slowfood.es

Slow cities http://www.cittaslow.es/

Slow Sex http://relaciones.uncomo.com/articulo/como-es-el-slow-sex-y-sus-ventajas-18189.html

Slow school http://www.slowmovement.com/slow_schools.php

Slow travel Turismo Slow http://nomadistas.com/2013/09/02/turismo-slow

MindFullnes Sociedad Minfullnes y Salud

“El bienestar animal importa” REDES  

Edurne

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